Descubre Cartagena

Getsemaní es un mundo aparte, colorido y raizal, dentro del mismo centro histórico, se ha convertido en el punto de encuentro favorito de los mochileros y viajeros jóvenes que buscan una alternativa menos glamurosa y más bohemia.

Los aromas del pan recién horneado de las panaderías de esquina y de la pizza de Ibalconi atraen a todo el que pasa por allí.

Lo mismo sucede con Di Silvio Trattoria, cerca de la plazuela de la Trinidad, y con Gaucha Resto & Winehouse, en la calle del Espíritu Santo – atendido por su propietario, el argentino Rodrigo Campillo–. También aparecen cafés-bar como Bazurto Social Club, en la calle del Centenario, famoso por su rumba y su comida caribeña; Demente, en la plaza de la Trinidad, reconocido por sus tapas, y Malagana, por sus cocteles.

Restaurantes sofisticados de cocina internacional como la Champagneria del Mediterráneo, también en la Trinidad, contrastan con los puestos callejeros de perros calientes, arepas de huevo y tiendas donde se consigue cerveza fría a un menor precio.

Se mezcla también la arquitectura conservada de las casas coloniales, a través de cuyas rejas de madera se asoman sus residentes viendo televisión, con predios un tanto descuidados que exhiben murales y grafitis y que ofrecen infinidad de servicios comerciales: tiendas de ropa y abarrotes, talleres y alquiler de bicicletas.

Pero nada desentona, ni siquiera el hecho de que entre las escasas manzanas del barrio haya tres tradicionales iglesias (la ya mencionada Santísima Trinidad, la de San Roque y la del Orden Tercero), que son testigos de la fe de los cartageneros y de las parrandas que van cambiando de temática y música a medida que se pasa a otra acera o cuadra